Solo una carta

Querida niña de veintitantos años
rubia con los senos de una diosa
que hicimos el amor bajo las estrellas
en la intemperie en España bajo la luz
de la luna de Andalucía. Que al hacer
el amor, el preservativo estalló y yo
estallé y nuestro amor estalló.

Que al regresar cada uno a nuestra
casa, donde acabamos de empezar
nuestras vidas me hablaste por teléfono
tú en Hungría y yo en Guate y tú en
un sanitario con una prueba de embarazo
que ni siquiera te la pagué yo pero solo te
di la promesa que si afirmaba lo que nos
vendieron como una pesadilla yo empezaba
mi mudanza a esa tierra cuyo nombre ni
siquiera es el de la tribu que se asentó allá
los Magyars.

Que al día o dos de haberte conocido
en esa costa que ve hacia el Mediterráneo
te dije que te amaba y te lo dije en serio
y me dijiste que me amabas y me lo dijiste en serio.

Que vivimos a migajas como bohemios
en ese paraíso al que siempre
he querido regresar ahora que
no estoy allí
y comimos calabacín y arrozito y frijoles
y con cualquier miseria que nos entraba
para pagarlo y ahorrando cada centavo
para viajar a todos los lugares que pudimos.

Que le dije a mi madre a los meses de conocerte,
lo que supe a momentos de conocerte, que quise
y que quiero que seas mi esposa y que te pedí
la mano saliendo de ver una obra de teatro basada en el principito.

Que porque no nos daba para seguir de dizque vagos,
nos decidimos subir hasta Chicago juntos y vivimos
y nos casamos con nuestro Lama y con nuestros amigos
que ahora hemos pasado tanto tiempo con ellos pero recién
nos estábamos conociendo en ese entonces. Todos sin niños
en cuarentena para quedar bien en tiempos que te decían
que ese beso que le diste a tu abuelita es un beso de la muerte.

Que seguimos viajando y construyendo una vida
y construyendo un hogar y construyendo amistades
y construyendo carreras y construyendo vínculos con tu familia
y con la mía y aprendiendo el idioma de cada uno
y agendando cuando íbamos a tener hijos
y pariste a 2 varones que llevan el nombre de mis abuelos
que han sido el mejor regalo que me has dado
y la mejor experiencia que he vivido aunque
conlleva viajar menos y ganar menos plata
y asentarnos en Madison, Wisconsin que cuando
les cuento a mis amigos que conocí viajando
o en círculos bohemios me da un poco de pena decirlo
porque no es emocionante como Latinoamérica
y no es elegante como Europa
y no lo han escuchado como Chicago,
pero es de los lugares que más he disfrutado
y que nuestra canícula de amistades es como ninguna otra.

Que tu piel es menos firme ya que llegaste
a los jóvenes 30 pero eres más bella que nunca
porque ese físico está atado a la mujer
que ahora es la que ha entrelazado su historia con la mía
y es familia y forma parte de mi ser
y el amor que hacemos ahora es emocionante
por ser un juego con una hermosura
que solo soñaba con pasar unos días a su lado cuando la conocí
y ahora conocemos nuestras zonas erógenas
porque nuestros cuerpos no son territorios para descubrir
sino mundos enteros que a pesar de ser familiares
tienen una infinidad de rincones
que aunque por terco a veces pienso que conozco,
me sigue sorprendiendo.

Te dedico esto por lo que me has dedicado a mí.